A ti, niño de mi generación.

OTROS COMENTARIOS

Desde Barcelona, nos escribe ANTONIO QUINTANA:

Joé Didi, pos no se me han saltao las lágrimas leyendo lo del niño de mi generacion, si es mi vida de infante clavadita, todo eso lo he hecho yo en Melilla, en las Canteras del Carmen a pedrada limpia con los de la Cañada, en el monte del cementerio, donde tiraban el cañonazo de las doce. La de alpargatazos que me he llevado cada vez que se hacía de noche y volvía a mi casa, tarde por supuesto. Pero es verdad, no éramos tan remilgaos como los pijitos de ahora, que lo tienen todo con solo abrir la boca. Tengo grabado en mi mente cuando hice mi primer patinete con una tabla y dos ruedas de bolones y cuando hacíamos carreras en la cuesta del cementerio, con una caja de madera y unos travesaños con una cuerda a modo de riendas y frenar... con la suela de los zapatos. Y jugar con los huesos de albaricoque, cambiando "dinero" que no era sino los envoltorios de los caramelos, el valor se lo poníamos dependiendo de lo raro que fuera encontrarlos. O con las suelas de goma, jugando a la "cuarta". Yo tenía la habilidad de construir juguetes con los restos que tiraban los que tenían pelas, ya que mis padres solo me echaban por los Reyes, cuadernos de colorear, anises, caramelos y chorradas de estas, pero nunca un miserable juguete. No había con qué comprarlo Pero yo era feliz con los juguetes que me fabricaba y además tenían una particularidad, no había ningún niño que tuviera un juguete siquiera parecido al mío. A veces me pedían que se los cambiaran, pero no caía en la tentación. Yo amaba mis juguetes. ¡Qué gozada! Bueno, me paro porque si no, estaría escribiendo hasta mañana.

Un fuerte abrazo niño

Antonio Quintana

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Desde Torremolinos (Málaga), nos escribe MIGUEL SÁNCHEZ ALBERCA:

Se comían chochitos de vieja, chufas, garbanzos tostaos, pipas, garrapiñadas, pictolines y el chicle americano BAZOOKA (que traía una corta historieta en su interior).

Al cine se iba con bocadillos, una botella de agua del grifo, algún que otro membrillo, caramelos y los bolsillos llenos de pipas. Durante la proyección había que aguantar el ruido de los comepipas y el suelo era una autentica alfombra de cáscaras y papeles, que seguían en la siguiente sesión.

Al 'cole' se iba con aquellas carteras de cuero, en la que metíamos el bocadillo de mortadela MINA (aquella que la tendera hacia un orificio en la lata y tenía que soplar hasta que salía para cortarla) y aquel culo de pan cateto al que se le quitaba la molla, se le ponía aceite con sal o azúcar y se volvía a tapar con la misma molla.

Los primeros cigarrillos Bisonte, 555, Craven A, Chesterfield y aquellos de colores, Los Sissi, fueron nuestros primeros mareos con el humo.

A las puertas del cole siempre estaban los oportunos vendedores con su cesta repleta de palmitos (si tenias suerte podías encontrar en su interior las semillas que llamábamos 'agüelas', la cañadú, las pipas de regaliz, los madroños, los nísperos y los canutos de caña de diferente calibre para las almencinas.

Coleccionábamos tebeos, cromos de fútbol, de coches, de artistas, que pegábamos con harina y agua (gacheta). Al secar la estampa quedaba tiesa. 'La tengo repe'. Raramente se terminaba una colección.

Usábamos aquellas chanclas blancas de goma, que después de todo un día, te dejaban unas horribles marcas en los pies y hablando de marcas, de tenis de marca, ni de ropa de marca, nada.

Pateábamos los charcos con las botas de agua negras y jugábamos con barquitos de papel.

Para curarnos los resfriados y los dolores, la abuela nos ponían antes de dormir un papel de estraza con aceite de oliva en el pecho y para los empachos una 'buena' lavativa con agua templada, un poco de jabón lagarto y un chorreón de aceite.

Leíamos al Capitán Trueno, al  Jabato, a Roberto Alcázar y Pedrín, al Guerrero del antifaz y nos entreteníamos con  Pumby, el DDT, el TBO, Pulgarcito y mas tarde descubrimos LA CODORNIZ de Álvaro de Laiglesia.

El que podía estrenaba alguna prenda el día del Corpus y el Domingo de Ramos y se comían manzanas de caramelo y caramelos con un palo y en extremo un futbolista, un nazareno o un martillo, almendraos y arropía.

Los ejercicios espirituales en los colegios. El miedo, las abstinencias, las confesiones, el silencio, las misas y los sermones.

Se jugaba al escondite, al corta hilo, al salto la papa, al salto de la pescailla y a la entera. Se alquilaban bicicletas por horas, vendíamos las botellas, los tebeos y hasta cartones para coger algunas perras.

Y aquellas pelotas de goma blanca con las que jugábamos al fútbol. No tenían mucha duración, pero cuando se rompían se cortaban por la mitad y hacíamos protectores para las espadas de madera.

Y se veían en nuestras calles malagueñas personajes como: MARIQUILLA LA LOCA, que siempre llevaba un cesto lleno de piedras para tirárnoslas cuando nos metíamos con ella. EL LENGUA, un hombre bueno que vendía pescao en el mercado de La Merced y que cuando terminaba se bebía todo el vino que podía e insultaba al Caudillo. Un día si y el otro también acababa en comisaría, MATÍAS LÓPEZ, un poeta que desde la calle dedicaba sus poesías a los vecinos de los balcones y decía 'Echarme un alfiler, aunque sea pinchao en un bollo',  PACO PITA, .un conductor de autobuses amable y cordial con los niños. Cuando los veía cerca accionaba su claxon varias veces. Cuando el autobús se aproximaba a los chiquillos... estos le reclamaban: PACO... pita... PACO... Pita... y PACO les respondía con su peculiar y sonoro saludo. EL PALMITAS de EL PALO, que siempre que oía batir las palmas, la emprendía a insultos con cualquiera, ADELITA, una señora muy mayor y muy delgada que se paseaba en minifalda, PEPELECHE  un fetichista de los zapatos de suela de tocino, que vendía Calzados Segarra de calle Larios (Cada vez que veía a alguna persona que los usaba , se lanzaba a acariciarlos con verdadera pasión) Tenía su ámbito de acción en LA MALAGUETA , EL SANTÓN, misterioso personaje siempre vestido de negro y con una cartera debajo del brazo, La señora que vendía tabaco cerca de GAMBRINUS y que llevaba una bandera española que no dudaba en blandir en cualquier momento y el vendedor del desaparecido diario vespertino la tarde que primero tocaba la trompetilla y luego empezaba a decir 'La Tarde' 'La Tarde' 'La Tarde' 'La Tarde' , incrementando paulatinamente el volumen de su voz hasta terminar gritando.